Luz Silenciosa, dirigida por Carlos Reygadas




La batalla de la conciencia

Esta película ha sido toda una sorpresa para mí. Hacía tiempo que no veía un cine tan contemporáneo, fresco y una mirada tan profunda y deliberadamente aséptica.
Está amaneciendo y durante largos minutos asistiremos al comienzo de un nuevo día, el sol sale y la cámara empieza a observar lo que sucede a su alrededor pero sin tiempo. De hecho el protagonista en uno de los primeros planos detiene el reloj. Al terminar la película la cámara se dirige al horizonte y la noche se hace en la pantalla.
El proceso interno de una conciencia despierta (la del protagonista) es el gran tema de Luz silenciosa y las fatídicas consecuencias que pueden derivarse de nuestras acciones. El poder de las pasiones no controladas  que llevan al protagonista a confesar “lo he intentado pero es más fuerte que yo”.  Por más que el desenlace  es el que es, el director no emite juicio alguno, un ojo ciertamente imparcial recorre la cinta, simplemente  observa y muestra y eso es ciertamente meritorio.
El protagonista no puede menos que generar nuestra comprensión,  compasión, como ser humano preso de una lucha interna que lo está demoliendo internamente.
No conocía a los menonitas, y la película por este motivo es también sumamente interesante destacando la actitud del pastor (padre del protagonista), muy lejos de una actitud moralizante, de una visión pecaminosa y culposa tan afín a los modos que aquí solemos conocer, encarna un nivel humano de compresión, juicio y ponderación y levísima sugerencia a su propio hijo que despierta admiración.
La sencillez de los planos es tan absolutamente abrumadora que nos hacen rendirnos ante una forma de hacer propia de una mirada ciertamente única, delicada y digna del mayor de los elogios posibles.


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